Los animales, dependiendo de su especie y lugar, han sido maltratados y benerados por el hombre durante toda su existecia sobre la Tierra. En este caso, yendo por el lado del maltrato, un jesuíta alemán llamado Athanasius Kircher (No Kirschner), encargó fabricar un artilugio que lograse sacar su noble tristeza.

Se trataba de un “piano de gatos” y consistía en un par de jaulas, en las cuales se encontraban gatos ordenados por su intensidad, agudeza y tono vocal. Al presionar las teclas, una aguja que se encargaba de aguijonear la cola del animal. A medida que la melodía avanzaba, más desesperados eran los maullidos de los pobres animales.

De esta forma se componían las piezas de una siniestra “música”, que debió ser del agrado del cruel príncipe, pues se cuenta que de este modo consiguió salir de su depresión.

A mi parecer era un demente, al igual que muchos que hoy en día realizan cosas similares respecto al maltrato animal. Cómo las corridas de toros, los laboratorios que practican la vivisección, entre otros.

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